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Fábulas

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FÁBULA VIII

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El Ratón de la corte y el del campo.

Un Ratón cortesano Convidó con un modo muy urbano Á un Ratón campesino. Dióle gordo tocino, Queso fresco de Holanda; Y una despensa llena de vianda Era su alojamiento; Pues no pudiera haber un aposento Tan magníficamente preparado, Aunque fuese en _Ratópolis_[26] buscado Con el mayor esmero, Para alojar á _Roepán_[27] _primero_. Sus sentidos allí se recreaban: Las paredes y techos adornaban, Entre mil ratonescas[28] golosinas, Salchichones, perniles y cecinas. Saltaban de placer, ¡oh qué embeleso! De pernil en pernil, de queso en queso. En esta situación tan lisonjera Llega la despensera: Oyen el ruido, corren, se agazapan, Pierden el tino; mas al fin se escapan Atropelladamente Por cierto pasadizo abierto á diente. --¡Esto tenemos[29]! dijo el campesino; Reniego yo del queso, del tocino, Y de quien busca gustos Entre los sobresaltos y los sustos. Volvióse á su campaña en el instante, Y estimó mucho más de allí adelante, Sin zozobra, temor, ni pesadumbres, Su casita de tierra y sus legumbres.

FÁBULA IX

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El Herrero y el Perro.

Un Herrero tenía Un Perro, que no hacía Sino comer, dormir y estarse echado. De la casa jamás tuvo cuidado; Levantábase sólo á mesa puesta: Entonces con gran fiesta Al dueño se acercaba, Con perrunas[30] caricias le halagaba, Mostrando de cariño mil excesos Por pillar las piltrafas y los huesos. --He llegado á notar, le dijo el amo Que aunque nunca te llamo, Á la mesa te llegas prontamente: En la fragua jamás te vi presente; Y yo me maravillo De que, no despertándote el martillo, Te desveles al ruido de mis dientes. Anda, anda, poltrón; no es bien que cuentes Que el amo, hecho un gañán y sin reposo, Te mantiene á lo conde muy ocioso. El Perro le responde: --¿Qué más tiene que yo cualquiera conde? Para no trabajar debo al destino Haber nacido perro y no pollino. --Pues, señor conde, fuera de mi casa; Verás en las demás lo que te pasa. En efecto salió á probar fortuna, Y las casas anduvo de una en una: Allí le hacen servir de centinela, Y que pase la noche toda en vela; Acá de lazarillo[31] y de danzante; Allá, dentro de un torno, á cada instante Asa la carne que comer no espera. Al cabo conoció de esta manera, _Que el destino, y no es cuento, Á todos nos cargó, como al jumento._

FÁBULA X

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La Zorra y la Cigüeña.

Una Zorra[32] se empeña En dar una comida á la Cigüeña. La convidó con tales expresiones, Que anunciaban sin duda provisiones De lo más excelente y exquisito. Acepta alegre, va con apetito; Pero encontró en la mesa solamente Jigote[33] claro sobre chata fuente. En vano á la comida picoteaba, Pues era para el guiso que miraba Inútil tenedor su largo pico. La Zorra con la lengua y el hocico Limpió tan bien su fuente, que pudiera Servir de fregatriz, si á Holanda[34] fuera. Mas, de allí á poco tiempo convidada De la Cigüeña, halla preparada Una redoma de jigote llena: Allí fué su aflicción, allí su pena. El hocico goloso al punto asoma Al cuello de la hidrópica[35] redoma: Mas en vano, pues era tan estrecho, Cual si por la Cigüeña fuese hecho. Envidiosa de ver que, á conveniencia, Chupaba la del pico[36] á su presencia. Vuelve, tienta, discurre, Huele, se desatina; en fin, se aburre. Marchó rabo entre piernas, tan corrida, Que ni aun tuvo siquiera la salida De decir: _Están verdes_, como antaño. _También hay para pícaros engaño._[37]

FÁBULA XI

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Las Moscas.

Á un panal de rica miel Dos mil Moscas acudieron, Que, por golosas, murieron Presas de patas en él. Otras[38] dentro de un pastel Enterró su golosina.

_Así, si bien se examina, Los humanos corazones Perecen en las prisiones Del vicio que los domina._

FÁBULA XII

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El Leopardo y las Monas.

No á pares, á docenas encontraba Las Monas[39] en Tetuán, cuando cazaba, Un Leopardo: apenas lo veían, Á los árboles todas se subían, Quedando del contrario tan seguras, Que pudiera decir: No están maduras[40]. El cazador astuto se hace el muerto Tan vivamente, que parece cierto; Hasta las viejas Monas[41], Alegres en el caso y juguetonas, Empiezan á saltar: la más osada Baja, arrímase al muerto de callada; Mira, huele, y aun tienta, Y grita muy contenta: «Llegad, que muerto está de todo punto, Tanto que empieza á oler el tal difunto». Bajan todas con bulla y algazara: Ya le tocan la cara, Ya le saltan encima; Aquella se le arrima, Y haciendo mimos á su lado queda; Otra se finge muerta, y lo remeda. Mas luego que las siente fatigadas De correr, de saltar y hacer monadas[42], Levántase ligero, Y más que nunca fiero, Pilla, mata, devora, de manera Que parecía la sangrienta fiera, Cubriendo con los muertos la campaña[43], Al Cid matando Moros en España. _Es el peor enemigo el que aparenta No poder causar daño; porque intenta, Inspirando confianza, Asegurar su golpe de venganza._

FÁBULA XIII

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El Ciervo en la fuente.

Un Ciervo se miraba En una hermosa cristalina fuente: Placentero admiraba Los enramados cuernos de su frente Pero, al ver sus delgadas largas piernas, Al alto cielo daba quejas tiernas. «¡Oh dioses! ¿á qué intento[44], Á esta fábrica hermosa de cabeza Construís su cimiento, Sin guardar proporción en la belleza? ¡Oh qué pesar! ¡oh qué dolor profundo, No haber gloria cumplida en este mundo! Hablando de esta suerte El Ciervo vió venir á un lebrel fiero. Por evitar su muerte Parte al espeso bosque muy ligero; Pero el cuerno retarda su salida Con una y otra rama entretejida. Mas libre del apuro Á duras penas, dijo con espanto: «Si me veo seguro, Pese á mis cuernos, fué por correr tanto. Lleve el diablo lo hermoso de mis cuernos; Haga mis feos pies[45] el cielo eternos». _Así frecuentemente_ _El hombre se deslumbra con lo hermoso:_ _Elige lo aparente,_ _Abrazando tal vez lo más dañoso;_ _Pero escarmiente ahora en tal cabeza_[46]. _El útil bien es la mejor belleza._

FÁBULA XIV

El León y la Zorra[47].

Un León, en otro tiempo poderoso, Ya viejo y achacoso, En vano perseguía hambriento y fiero Al mamón[48] becerrillo y al cordero, Que trepando por la áspera montaña Huían libremente de su saña. Afligido del hambre á par de muerte, Discurrió su remedio de esta suerte: Hace correr la voz de que se hallaba Enfermo en su palacio, y deseaba Ser de los animales visitado. Acudieron algunos de contado; Mas, como el grave mal que lo postraba Era una hambre voraz, tan sólo usaba La receta exquisita De engullirse al _Monsieur_[49] de la visita. Acércase la Zorra de callada, Y á la puerta asomada, Atisba muy de espacio La entrada de aquel cóncavo palacio. El León la divisó, y en el momento La dice:--Ven acá, pues que me siento En el último instante de mi vida: Visítame como otros, mi querida. --¿Cómo otros? ¡ah, Señor! he conocido Que entraron, sí, pero que no han salido. Mirad, mirad la huella, Bien claro lo dice ella; Y no es bien el entrar do[50] no se sale. _La prudente cautela mucho vale._

FÁBULA XV

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La Cierva y el Cervato.

Á una Cierva decía[51] Su tierno Cervatillo:--Madre mía, ¿Es posible que un perro solamente Al bosque te haga huir cobardemente, Siendo él mucho menor, menos pujante? ¿Por qué no has de ser tú más arrogante? --Todo es cierto, hijo mío; Y cuando así lo pienso, desafío Á mis solas á veinte perros juntos: Figúrome luchando, y que difuntos Dejo á los unos; que otros falleciendo, Pisándose las tripas, van huyendo En vano de la muerte; Y á todos venzo de gallarda suerte. Mas, si embebida en este pensamiento, Á un perro ladrar siento, Escapo más ligera que un venablo[52], Y mi victoria se la lleva el diablo. _Á quien no sea de ánimo esforzado,_ _No armarle de soldado;_ _Pues por más que, al mirarse la armadura,_ _Piense, en tiempo de paz, que su bravura_ _Herirá, matará cuanto acometa;_ _En oyendo en campaña la trompeta,_ _Hará lo que la corza_[53] _de la historia,_ _Mas que_[54] _el diablo se lleve la victoria._

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