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Fábulas

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FÁBULA XVI

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El Labrador y la Cigüeña.

Un Labrador miraba Con duelo su sembrado, Porque gansos y grullas De su trigo solían hacer pasto. Armó sin más tardanza Diestramente sus lazos, Y cayeron en ellos La Cigüeña[55], las grullas y los gansos. --Señor rústico[56], dijo La Cigüeña temblando, Quíteme las prisiones, Pues no merezco pena de culpados. La diosa Ceres sabe, Que lejos de hacer daño, Limpio de sabandijas, De culebras y víboras los campos. --Nada me satisface, Respondió el Hombre airado: Te hallé con delincuentes, Con ellos morirás entre mis manos. _La inocente Cigüeña Tuvo el fin desgraciado Que pueden prometerse Los buenos que se juntan con los malos._

FÁBULA XVII

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La Serpiente y la Lima.

En casa de un cerrajero[57] Entró la serpiente un día, Y la insensata mordía En una Lima de acero. Díjole la Lima[58]:--El mal, Necia, será para ti: ¿Cómo has de hacer mella en mí, Que hago polvos el metal? _Quien pretende, sin razón, Al más fuerte derribar, No consigue sino dar Coces contra el aguijón._

FÁBULA XVIII

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El Calvo y la Mosca.

Picaba impertinente En la espaciosa calva de un anciano Una Mosca insolente. Quiso matarla, levantó la mano, Tiró un cachete, pero fuese salva, Hiriendo el golpe la redonda calva. Con risa desmedida La mosca prorrumpió:--Calvo maldito[59], Si quitarme la vida Intentaste por un leve delito, ¿Á qué pena condenas á tu brazo, Bárbaro ejecutor de tal porrazo? --Al que obra con malicia, La respondió el varón[60] prudentemente, Rigurosa[61] justicia Debe dar el castigo conveniente; Y es bien ejercitarse la clemencia En el que peca por inadvertencia. Sabe, Mosca villana, Que coteja el agravio recibido La condición humana Según la mano de donde ha venido: _Que el grado de la ofensa á tanto asciende, Cuanto sea más vil aquel que ofende._

FÁBULA XIX

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Los dos Amigos y el Oso[62].

Á dos Amigos se aparece un Oso: El uno muy medroso, En las ramas de un árbol se asegura: El otro, abandonado á la ventura[63], Se finge muerto repentinamente. El Oso se le acerca lentamente; Mas como este animal, según se cuenta[64], De cadáveres nunca se alimenta, Sin ofenderle le registra y toca, Huélele las narices y la boca; No le siente el aliento, Ni el menor movimiento; Y así se fué diciendo sin recelo: «Éste tan muerto está como mi abuelo.» Entonces el cobarde, De su grande amistad haciendo alarde, Del árbol se desprende muy ligero, Corre, llega y abraza al compañero: Pondera la fortuna De haberle hallado sin lesión alguna; Y al fin le dice:--Sepas que he notado Que el Oso te decía algún recado. ¿Qué pudo ser?--Direte lo que ha sido[65]: Estas dos palabritas al oído: _Aparta tu amistad de la persona Que, si te ve en el riesgo, te abandona._

FÁBULA XX

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El Águila, la Gata y la Jabalina.

Un Águila anidó sobre una encina. Al pie criaba cierta Jabalina; Y era un hueco del tronco corpulento De una Gata y sus crías aposento. Esta gran marrullera Sube al nido del Águila altanera, Y con fingidas lágrimas la[66] dice: --¡Ay mísera de mí! ¡ay infelice! Éste sí que es trabajo: La vecina que habita el cuarto bajo, Como tú misma ves, el día pasa Hozando los cimientos de la casa: La arruinará; y en viendo la traidora Por tierra á nuestros hijos, los devora[67]. Después que dejó al Águila asustada, Á la cueva se baja de callada[68], Y dice á la cerdosa:--Buena amiga, Has de saber que el Águila enemiga, Cuando saques tus crías hacia el monte, Las ha de devorar: así disponte. La Gata, aparentando que temía, Se retiró á su cuarto, y no salía Sino de noche, que con maña astuta[69] Abastecía su pequeña gruta[70]. La Jabalina, con tan triste nueva, No salió de su cueva. La Águila[71] en el ramaje temerosa, Haciendo centinela no reposa. En fin, á ambas familias la hambre mata[72], Y de ellas hizo víveres la gata. _¡Jóvenes, ojo alerta, gran cuidado! Que un chismoso[73] en amigo disfrazado, Con capa de amistad cubre sus trazas, Y así causan el mal sus añagazas._

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LIBRO SEGUNDO

FÁBULA PRIMERA

El León con su ejército.

Á DON JAVIER MARÍA DE MUNIVE É IDIÁQUEZ

CONDE DE PEÑAFLORIDA, DIRECTOR PERPETUO DE LA REAL SOCIEDAD VASCONGADA DE LOS AMIGOS DEL PAÍS.

Mientras que con la espada, en mar y tierra, Los ilustres varones Engrandecen su fama por la guerra Sojuzgando naciones; Tú, conde, con la pluma y el arado[74] Ya enriqueces la patria, ya la instruyes; Y haciendo venturosos, has ganado El bien que buscas, y el laurel que huyes. Con darte todo al bien de los humanos No contento tu celo, Supo unir á los nobles ciudadanos Para felicidad del patrio suelo. La hormiga codiciosa Trabaja en sociedad[75] fructuosamente; Y la abeja oficiosa Labra siempre ayudada de su gente. Así unes á los hombres laboriosos, Para hacer sus trabajos más fructuosos. Aquél viaja observando Por las naciones cultas; Éste con experiencias va mostrando Las útiles verdades más ocultas: Cuál cultiva los campos, cuál las ciencias; Y de diversos modos, Juntando estudios, viajes y experiencias, Resulta el bien en que trabajan todos. ¡En que trabajan todos! ya lo dije, Por más que yo también sea contado; El sabio presidente que nos rige, Tiene aun al más inútil ocupado. Darme, conde, querías un destino Al contemplarme ocioso é ignorante: Era difícil; mas al fin tu tino Encontró un genio en mí versificante[76]. Á Fedro y La Fontaine por modelos Me pusiste á la vista, Y hallaron tus desvelos Que pudiera ensayarme á fabulista. Y pues viene al intento, Pasemos al ensayo: va de cuento. El León, rey de los bosques poderoso, Quiso armar un ejército famoso. Juntó sus animales al instante: Empezó por cargar al Elefante Un castillo con útiles[77], y encima Rabiosos Lobos que pusiesen grima. Al Oso lo encargó de los asaltos: Al Mono con sus gestos y sus saltos Mandó que al enemigo entretuviese: A la Zorra que diese Ingeniosos ardides al intento. Uno gritó:--La Liebre y el Jumento, Éste por tardo, aquélla por medrosa, De estorbo servirán, no de otra cosa. --¿De estorbo? dijo el rey, yo no lo creo: En la Liebre tendremos un correo, Y en el Asno mis tropas un trompeta. Así quedó la armada bien completa. _Tu retrato es el León, conde prudente. Y si á tu imitación, según deseo, Examinan los jefes á su gente, A todos han de dar útil empleo. ¿Por qué no lo han de hacer? ¿Habrá cucaña Como no hallar ociosos en España?_

FÁBULA II

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La Lechera.

Llevaba en la cabeza Una Lechera el cántaro[78] al mercado, Con aquella presteza, Aquel aire sencillo, aquel agrado, Que va diciendo á todo el que lo advierte: ¡Yo si que estoy contenta con mi suerte! Porque no apetecía Más compañía que su pensamiento, Que alegre la ofrecía Inocentes ideas de contento. Marchaba sola la feliz Lechera, Y decía entre sí de esta manera: --Esta leche vendida, En limpio[79] me dará tanto dinero; Y con esta partida Un canasto[80] de huevos comprar quiero, Para sacar cien pollos, que al estío Me rodeen cantando el _pío, pío_. Del importe logrado De tanto pollo, mercaré[81] un cochino; Con bellota, salvado, Berza, castaña engordará sin tino, Tanto que puede ser que yo consiga Ver como se le arrastra la barriga[82]. Llevaréle[83] al mercado, Sacaré de él sin duda buen dinero[84] Compraré de contado Una robusta vaca y un ternero Que salte y corra toda la compaña[85] Hasta el monte cercano á la cabaña. Con este pensamiento Enajenada brinca de manera, Que á su salto violento El cántaro cayó. ¡Pobre Lechera! ¡Qué compasión! Á Dios[86] leche, dinero, Huevos, pollos, lechón, vaca y ternero. ¡Oh loca fantasía, Qué palacios fabricas en el viento! Modera tu alegría, No sea que, saltando de contento, Al contemplar dichosa tu mudanza, Quiebre su[87] cantarillo la esperanza. No seas ambiciosa De mejor ó más próspera fortuna, Que vivirás ansiosa, Sin que pueda saciarte cosa alguna. _No anheles impaciente el bien futuro, Mira que ni el presente está seguro._

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