FÁBULA III
[imagen]
El Asno sesudo.
Cierto Burro pacía En la fresca y hermosa pradería[88] Con tanta paz, como si aquella tierra No fuese entonces teatro de la guerra. Su dueño, que con miedo le guardaba, De centinela en la ribera estaba: Divisa al enemigo en la llanura; Baja, y al buen Borrico le conjura[89] Que huya precipitado. El asno muy sesudo y reposado Empieza á andar á paso perezoso. Impaciente su dueño y temeroso Con el marcial ruido De bélicas trompetas al oído, Le exhorta con fervor á la carrera. --¡Yo correr! dijo el Asno, ¡bueno fuera! Que llegue en hora buena Marte[90] fiero: Me rindo, y él me lleva prisionero. Servir aquí ó allí ¿no es todo uno? ¿Me pondrán dos albardas? no, ninguno[91]. Pues nada pierdo, nada me acobarda, Siempre seré un esclavo con albarda. No estuvo más en sí, ni más entero Que el buen Pollino[92], Amiclas el barquero, Cuando en su humilde choza le despierta César con sus soldados á la puerta, Para que á la Calabria los guiase. ¿Se podría encontrar quién no temblase, Entre los poderosos, De insultos[93] militares horrorosos De la guerra enemiga? No hay sino la pobreza que consiga Esta grande exención; de aquí proviene[94]: _Nada teme perder quien nada tiene._
FÁBULA IV
[imagen]
El Zagal y las Ovejas.
Apacentando un joven su ganado, Gritó desde la cima de un collado[95]: ¡Favor, que viene el lobo, labradores! Éstos, abandonando sus labores, Acuden prontamente, Y hallan que es una chanza[96] solamente. Vuelve á clamar, y temen la desgracia: Segunda vez los burla: ¡linda gracia! ¿Pero qué sucedió la vez tercera? Que vino en realidad la hambrienta fiera: Entonces el Zagal se desgañita; Y por más que patea, llora y grita, No se mueve la gente escarmentada, Y el lobo le devora la manada. _¡Cuántas veces resulta de un engaño Contra el engañador el mayor daño!_
FÁBULA V
[imagen]
El Águila, la Corneja y la Tortuga.
Á una Tortuga un Águila arrebata: La ladrona se apura y desbarata Por hacerla pedazos, Ya que no con la garra, á picotazos[97]. Viéndola una Corneja en tal faena, La dice[98]:--En vano tomas tanta pena: ¿No ves que es la Tortuga, cuya casa Diente, cuerno ni pico la traspasa[99]; Y si siente que llaman á su puerta, Se finge la dormida, sorda ó muerta?-- ¿Pues qué he de hacer?--Remontarás tu vuelo Y en mirándote allá cerca del cielo, La dejarás caer sobre un peñasco Y se hará una tortilla el duro casco. La Águila[100], porque diestra lo ejecuta, Y la Corneja astuta, Por autora de aquella maravilla, Juntamente comieron la tortilla. _¿Qué podrá resistirse á un poderoso Guiado de un consejo malicioso? De éstos tales se aparta el que es prudente; Y así por escaparse de esta gente, Las descendientes de la tal Tortuga Á cuevas ignoradas hacen fuga[101]._
FÁBULA VI
[imagen]
El Lobo y la Cigüeña.
Sin duda alguna que se hubiera ahogado Un Lobo con un hueso atragantado, Si á la sazón no pasa una Cigüeña. El paciente la ve, hácela seña[102]; Llega, y ejecutiva Con su pico, jeringa primitiva, Cual diestro cirujano, Hizo la operación, y quedó sano. Su salario pedía, Pero el ingrato lobo respondía[103]: --¿Tu salario? ¿pues qué más recompensa Que el no haberte causado leve ofensa, Y dejarte vivir para que cuentes Que pusiste tu vida entre mis dientes? Marchó, por evitar una desdicha, Sin decir tus ni mus[104] la susodicha. _Haz bien_, dice el proverbio castellano, _Y no sepas á quién_; pero es muy llano Que no tiene razón ni por asomo: Es menester saber á quién y cómo. El ejemplo siguiente Nos hará esta verdad más evidente.
FÁBULA VII
El Hombre y la Culebra.
Á una Culebra, que de frío yerta[105] En el suelo yacía medio muerta, Un Labrador cogió; mas fué tan bueno, Que incautamente la abrigó en su seno. Apenas revivió, cuando la ingrata Á su gran bienhechor traidora mata.
FÁBULA VIII
[imagen]
El Pájaro herido de una flecha.
Un Pájaro inocente Herido de una flecha, Guarnecida de acero Y de plumas ligeras, Decía en su lenguaje Con amargas querellas «¡Oh crueles humanos, Más crueles que fieras Con nuestras propias alas, Que la naturaleza Nos dió, sin otras armas Para propia defensa, Forjáis el instrumento De la desdicha nuestra, Haciendo que inocentes Prestemos la materia. Pero no, no es extraño Que así bárbaros sean Aquellos que, en su ruina, Trabajan, y no cesan. Los unos y otros fraguan[106] Armas para la guerra; Y es dar contra sus vidas Plumas para las flechas.»
FÁBULA IX
[imagen]
El Pescador[107] y el Pez.
Recoge un Pescador su red tendida, Y saca un pececillo.--Por tu vida, Exclamó el inocente prisionero, Dame la libertad: sólo la quiero, Mira que no te engaño, Porque ahora soy ruin[108]; dentro de un año Sin duda lograrás el gran consuelo De pescarme más grande que mi abuelo. ¡Qué! ¿te burlas? ¿te ríes de mi llanto? Sólo por otro tanto Á un hermanito mío Un señor Pescador lo tiró al río.-- ¡Por otro tanto al río? ¡qué manía! Replicó el Pescador; ¿pues no sabía Que el refrán castellano Dice: _Más vale pájaro en la mano..._[109]? Á sartén te condeno, que mi panza No se llena jamás con la esperanza.
FÁBULA X
[imagen]
El Gorrión y la Liebre.
Un maldito[110] Gorrión así decía Á una Liebre, que un Águila oprimía: --¿No eres tú tan ligera, Que si el perro te sigue en la carrera, Le acarician y alaban como al cabo Acerque sus narices á tu rabo? Pues empieza á correr ¿qué te detiene?-- De este modo la insulta, cuando viene El diestro Gavilán y le arrebata. El preso chilla, el prendedor le mata; Y la Liebre exclamó: Bien merecido: ¿Quién te mandó insultar al afligido? ¿Y á más, á más meterte á consejero[111], No sabiendo mirar por ti primero?
FÁBULA XI
[imagen]
Júpiter y la Tortuga.
Á las bodas de Júpiter estaban Todos los animales convidados: Unos y otros llegaban Á la fiesta nupcial apresurados[112]. No faltaba á tan grande concurrencia Ni aun la reptil y más lejana oruga, Cuando llega muy tarde y con paciencia[113] Á paso perezoso la Tortuga. Su tardanza reprende el dios airado; Y ella le respondió sencillamente: --Si es mi casita mi retiro amado, ¿Cómo podré dejarla prontamente? Por tal disculpa Júpiter Tonante, Olvidando el indulto de las fiestas, La ley del caracol le echó al instante, Que es andar con la casa siempre á cuestas. _Gentes machuchas hay que hacen alarde_[114] _De que aman su retiro con exceso;_ _Pero á su obligación acuden tarde:_ _Viven como el ratón dentro del queso._
FÁBULA XII
[imagen]
El Charlatán.
«Si cualquiera de ustedes Se da por las paredes, Ó arroja de un tejado, Y queda á buen librar descostillado, Yo me reiré muy bien: importa un pito[115], Como tenga mi bálsamo exquisito». Con esta relación un chacharero[116] Gana mucha opinión y más dinero; Pues el vulgo, pendiente de sus labios, Más quiere á un charlatán que á veinte sabios. Por esta conveniencia Los hay el día de hoy en toda ciencia, Que ocupan igualmente acreditados Cátedras, academias y tablados. Prueba de esta verdad será un famoso Doctor en elocuencia, tan copioso En charlatanería, Que ofreció enseñaría Á hablar discreto, con fecundo pico, En diez años de término á un borrico. Sábelo el rey, le llama, y al momento Le manda dé lecciones á un jumento; Pero bien entendido. Que sería, cumpliendo lo ofrecido, Ricamente premiado; Mas cuando no, que moriría ahorcado. El doctor asegura nuevamente Sacar un orador asno elocuente. Dícele callandito[117] un cortesano: --Escuche, buen hermano, Su frescura me espanta: Á cáñamo me huele su garganta. --No temáis, señor mío, Respondió el Charlatán, pues yo me río. ¿En diez años de plazo que tenemos, El rey, el asno ó yo no moriremos? _Nadie encuentra embarazo En dar un largo plazo Á importantes negocios; mas no advierte Que ajusta mal su cuenta sin la muerte._